ramas de asfalto

Quizá es un error referirse al grueso de sus personajes como secundarios, pues ahí, en la madeja citadina, los ejes verticales de poder que desde afueran sospechan las estadísticas (como la autoridad del semáforo) tienden a ser diagonales, punteados y hasta algo curvos. Engrosan una densa zona horizontal, dentro de la que cuesta más relacionar las voces con sus regentes y obliga a poner en pausa las construcciones oficiales, para desgranar las formas que adquiere ese sabotaje colectivo del cotidiano.
Sí, mi amor, hasta para morder cemento hay que tener colmillo.

Así, quizá lo importante para enfrentar el desgrane de las tramas de la gran trama, es aquel lugar al que apunta y no muestra, el extraño fenómeno de afirmar una negación y manipularlo como una oportunidad osmótica a diferencia de identificarlo como un orden demarcado.
Y ahí, en ese no, la pregunta por aquello que afirma, el reenfoque que fuerza los bordes: Evasivo, el pico nos dirige a la rama.

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