caminando por sampa

Sampa, es como los paulistanos llaman cariñosamente la capital del Estado de Sao Paulo. Veinte millones de almas, oriundas de todas las partes, caminan-vagan. Allá todo mundo va; no importa cómo. Unos, más que otros, inmersos en sus pensamientos. Todos caminan-vagan compartiendo el mismo espacio sin darse cuenta del espacio que comparten con todos. Lo que importa es ir y, eso sí: llegar. El tiempo es justo: 24 horas.

Sao Paulo pega duro en el alma y en el cuerpo cansado que, a pesar de todo insiste en ir todas las mañanas al trabajo, a hacer cola en el seguro social, a tomar el transporte público que nunca es suficiente para cargar tantas almas que van, caminan-vagan, a recoger las calles en busca de consuelo, trabajo, comida, dignidad. Sao Paulo es así: la ciudad de las almas cansadas, pesadas, pero que también cargan esperanza, de un día encontrar lo que tanto buscan por las calles de la ciudad. Siempre sentí que Sao Paulo es como un gran monstruo, asusta hasta a los mismos brasileños de otras ciudades que no saben cómo entrarle. Ya una vez adentro es más fácil. Uno aprende a crear su propia ruta sin perderse…

Por Marcia Silva Pereira, periodista paulistana radicada en Costa Rica.

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